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INTRODUCCIÓN. 1919
André Breton

Los siglos bola de nieve sólo se llevan, al rodar, pasitos de hombres. Cuando hemos conseguido hacernos un sitio al sol es solamente para asfixiarnos bajo una piel de animal. El fuego en el campo de invierno todo lo más sólo atrae a los lobos. No sabemos qué pensar del valor de los presentimientos, si esa redada en el cielo, las tormentas de que habla Baudelaire, revelan de tarde en tarde un ángel en la mirilla de la puerta.

Así, en 1916, aquel pobre empleado que estaba haciendo guardia permitió que una mariposa permaneciese bajo el reflector de su mesa. A pesar de su bonita visera -era en el Oeste-, parecía no tener en la cabeza otra cosa que un alfabeto morse. Pasaba el tiempo recordando los acantilados de Etretat y los juegos de pídola con las nubes. Por eso, dio la bienvenida solícitamente al oficial aviador. A decir verdad, nunca se supo en qué arma servía Jacques. Yo lo vi cubierto con una coraza, cubierto no es la palabra exacta, era el cielo puro. Resplandecía con ese río en el cuello, el Amazonas, creo, que todavía riega Perú. Había incendiado grandes zonas de selva virgen, se veía en sus cabellos y todos los bellos animales que se habían refugiado en él. La serpiente de cascabel nunca me impidió darle la mano. Temía más que nada ciertos experimentos sobre la dilatación de los cuerpos. ¡Si al menos, decía, solamente produjesen descarrilamientos! Así, pues, la barra que calientan al rojo vivo en Miguel Strogoff no estaba destinada a cegarlo. A menudo le vi atacar el Maître de Forges, que no había leído.

«El destello de la navaja pasa a dos o tres camaritas en forma de huevos en un nido. Lo mejor que podéis hacer es afilar. La herradura es una bonita invención para uso de gente sedentaria y se explica mediante los versos de Alfred de Musset. -De la época de los griegos, la vasija de Soissons» (muestra de su cabeza, el juego de chimenea), así sucesivamente.

Las elegancias masculinas se salen de lo común. La portada del Miroir des modes es del color del agua que baña el rascacielos donde se imprime. Los vientre humanos, construidos sobre pilotes, son además excelentes paracaídas. El humo que se escapa de esos sombreros altos pone un marco negro al diploma de honor que queríamos enseñar a los amigos y conocidos. Un día las condecoraciones se nos encaramarán persiguiéndonos como gatitos.

Si aún nos arrodillamos ante la mujer, es para atarle el zapato. En los regresos hacia uno mismo, vale más tomar las carreteras transitables. El coche de Madame está listo, puesto que los caballos caen al mar. Amar y ser amado se persiguen sobre una escollera, es peligroso. Podéis estar seguros de que en los casinos nos jugamos algo más que nuestra fortuna. Sobre todo, no hacer trampas. Jacques, ¿conoces el bonito movimiento de las amantes sobre la pantalla, cuando, por fin, hemos perdido todo? Enseña las manos, bajos las cuales el aire se convierte en un gran instrumento de música: demasiada suerte, tienes demasiada suerte. ¿Por qué te gusta hacer que afluya la sangre a las mejillas de esta pequeña? Conocí un piso que era una maravillosa tela de araña.

En el centro de la habitación había una campana bastante gruesa que producía un sonido molesto todos los cuartos de hora. Si había que creerle, la guerra no habría existido siempre, no se habría sabido en aquel entonces lo que podía ocurrir, etc. Naturalmente, había razones para reírse. El descargador de entonces no dejaba de acudir, su amiga le dejaba bonitas deudas como encaje. El antiguo alumno de M. Luc-Olivier Merson sabía seguramente que en Francia la emisión de moneda falsa se castiga severamente. ¿Qué queríais que hiciéramos? El bello cartel: Ya vuelven - ¿Quienes? - Los vampiros, y en la sala apagada las letras rojas de Aquella noche. ¿Sabes? Ya no necesito recurrir a la barandilla para bajar y, bajo suelas de felpa, la escalera deja de ser un acordeón.

Fuimos aquellos alegres terroristas, apenas más sentimentales de lo normal, bribones que prometen. Todo o nada nos sonríe. El porvenir es una bella hoja nervada que acepta los colorantes y muestra notables lagunas. A nosotros nos corresponde coger a manos llenas en las cabelleras encalladas. La comida futura se sirve en un mantel de petróleo. El ingeniero de las fábricas y el recaudador de impuestos han envejecido. «Nuestros países cálidos son los corazones. Hemos vivido rudamente. -Mi querido André, los dibujos te dejan frío. He mandado traer este ron de Jamaica. La ganadería, ves, endurece la hierba de los prados; por otro lado, cuento con el sueño para esquilar mis rebaños. La golondrina de la mañana, sigue siendo una de tus parábolas.»

Los equilibrios son raros. La tierra que gira alrededor de sí misma en veinticuatro horas no es el único polo de atracción. En el Colorado brillante las muchachas montan a caballo y hacen soberbios estragos en nuestro deseo. Las blusas estrelladas de los aguadores son nuestros cálculos que se acercan. Los cruzados se paraban para beber en pozos envenenados.

El célebre bautismo de fuego encaja en la noche de las supersticiones adorables en las que figuran para mí esos dos peces atados con una cuerda. En ella te abandono. Frutos maduran en el árbol dentro del follaje negro. No sé si están trillando o si hay que buscar una colmena ahí al lado. Pienso en una boda judía. Un interior holandés es lo más lejano. Te veo, Jacques, como un pastor de las Landas: llevas gruesos zuecos de creta. El celemín de sentimientos no está caro este año. Desde luego, algo hay que hacer para vivir y el bonito relevo al capote manchado es una vaca lechera en la niebla. Merecías algo mejor, el presidio, por ejemplo. Pensaba encontrarte en él y no estaría viendo el primer episodio de La Nouvelle Aurore, -mi querido Palas. Perdón. ¡Ah! Los dos hemos muerto.

Es verdad que el mundo consigue bloquear todas las máquinas infernales. ¿No hay tiempo perdido? Tiempo, queremos decir las botas de siete leguas. Las cajas de acuarelas se deterioran. Las dieciséis primaveras de William R. G. Eddie... guardemos eso para nosotros.

Conocí a un hombre más bello que una flauta. Escribía cartas tan serias como los galos. Estamos en el siglo XX (de la era cristiana) y los pistones salen bajo los tacones de niño. Hay flores que se abren especialmente para los artículos necrológicos en los tinteros. Aquel hombre fue mi amigo.

Lettres de guerre de Jacques Vaché.